Sobre el cine planobaldosista

Hoy, día que vuestro blog de fondo de armario está petando el número de visitas gracias a su aparición en el blog de Paco Nadal en El País *** pongo el link bueno, que había puesto otra entrada *** (tras estelar aparición de fondo en el Teleberri de ETB 2 haciendo tortilla de patatas y mención en la sección de fúmbol de The Guardian – para que vean ustedes cuán importantes y polivalentes que somos por aquí, así como carentes de evaluación psicológica), me toca hablar mal. Sí, me toca hablar mal. O mejor dicho, plantear una reflexión a partir de hablar mal.

Ayer los miembros de la batcueva nos pasamos por el videoclub de cabecera – sí, sigue habiendo videoclubs, y somos así de snobs que hasta hacemos uso de ellos – y pillamos un par de películas. Y una de ellas la pusimos después de cenar. La experiencia no pudo ser más aleccionadora: un director español haciendo una peli que podría calificarse – desde mi humilde y profana opinión – como francesa, es una garantía de 90 minutos de trepidante… nada. Nada. Absolutamente nada. La peli en cuestión, En la ciudad de Sylvia (2007), de  José Luis Guerín, trata de un tipo lindo-lindo mirando mucho a chicas guapas, y en una de estas se pone a perseguir a Pilar López de Ayala. Durante demasiado tiempo. Y como no soy de destripar películas, no diré mucho más, ya que esa persecución y poco más fue lo que aguanté.

Casualmente hablamos también ayer de la polémica en torno a la crítica de la 65ª Mostra de Venecia, en especial a la película Shirin de Kiarostami (enlace al artículo), en la que Boyero escribió:

“No me pregunten por el final. Yo también me largué a la mitad de este pretencioso e insoportable experimento. La vida es muy corta para desperdiciarla con tonterías disfrazadas de arte”

Como al Sr. Boyero le pasó, no pude evitar largarme de la película, aunque en vez de a la calle, fuese para chatear en el CaraLibro y leer tonterías en Internet. Y por cierto, me recuerda lo que dice Nick Hornby sobre dejar libros, que muchos lo toman como un sacrilegio, y que puede venir al caso:

” I am not particularly interested in language. Or rather, I am interested in what language can do for me […] But I do not wish to produce prose that draws attention to itself, rather than the world it describes, and I certainly don’t have patience to read it […] I am simply pointing out my own tastes and limitations as a reader. To put it crudely, I get bored, and when I get bored I tend to get tetchy. It has proved surprinsingly easy to eliminate boredom from my reading life. […] If reading books is to survive as leisure activity, then we have to promote the joys of reading […] But please, if you’re reading a book that’s killing you, put it down and read something else” (The Complete Polysyllabic Spree, pp. 4-6) – Trad. más abajo

A lo que iba: el caso es que una serie de directores de cine – adivinen quien estaba dentro de esa plétora – escribieron una carta conjunta al periódico para quejarse del crítico.

Por lo cual, la reflexión que se solicita: ¿Qué es el cine?, como utilizó André Bazin como título de su libro más influyente. ¿Para qué veo/ves/vemos películas? Obviamente, veo/ves/vemos películas cada uno por sus razones, e igual que la película que medio vi ayer a mi no me gustó – que sí, que la fotografía, iluminación, escenario (Estrasburgo), personajes muy bien y muy bonito todo – porque no pasaba nada. Y supongo que para talibanes del planobaldosismo – que de todo hay – esto es una herejía. A Rossellini se lo fundieron a críticas por Viaggio in Italia (Te querré siempre), porque se consideró entonces – 1953 – que no pasaba nada. A los de la Nouvelle Vague les flipó, y no me acuerdo ahora cual de ellos – creo que Jacques Rivette – decía que estaba en el Top 3 de películas de la historia. Y Laura Mulvey goza profundamente con esta película. Pero me temo que aunque puedo admitir su valor dentro de la historia del cine, no la volveré a ver ni jarto vino. Porque no me pongo una película para bufar, bostezar y esperar ansioso que hay algo que pase. Y que el lenguaje cinematográfico es importante a la hora de realizar una película, pero… ahí no se queda eso. Igual me pasa con los virtuosos del rock, esos que se marcan solos de 45 minutos. O en los libros donde prácticamente sólo hay descripciones.

Sólo como curiosidad: Boyero dice de En la ciudad de Sylvia que es “Experimental, obsesiva y agotadora. (…) plúmbea evocación del amor fugaz y la mujer soñada”. Por si alguno se anima

Trad: 
“No estoy particularmente interesado en el lenguaje. O mejor, estoy interesado en lo que el lenguaje puede hacer por mi […] Pero no quiero producir prosa que establece la atención sobre sí misma, en vez del mundo que describe, y desde luego, no tengo paciencia para leerla […] Estoy simplemente apuntando a mis propios gustos y limitaciones como lector. Para ponerlo crudamente, me aburro, y cuando me aburro tiendo a ponerme muy irascible. Se ha probado que es sorprendentemente fácil eliminar el aburrimiento de mi vida lectora […] Si leer libros ha de sobrevivir como actividad de ocio, tenemos por tanto que promover las alegrías de leer […] Pero por favor, si estás leyendo un libro que te está matando, apártalo y lee otra cosa”

2 comentarios

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2 Respuestas a “Sobre el cine planobaldosista

  1. Nu

    Quien es ese?????????MADREMIADELAMORHERMOSO!

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