WikiLeaks a la española, de Guillermo López

Guillermo López García, profesor de periodismo la Universidad de Valencia (Departamento de Teoría de los Lenguajes y Ciencias de la Comunicación), y creador allá un 14 de febrero de 2000 de una de mis páginas de cabecera – La Página Definitiva – ha escrito esto respecto a todo el tema de WikiLeaks, en relación a la política española y al papel (supuesto) del periodismo, en su blog Chapapote Discursivo. Y merece la pena leerlo, así que lo copio-pego.

WIKILEAKS A LA ESPAÑOLA, de Guillermo López (LPD)

No quisiera comenzar este post sin hacer mención a la clase política española tal y como es reflejada en Wikileaks. Por ponerles sólo un ejemplo: Zapatero está muy contento porque le muestran en los cables de la Embajada de EE.UU. como un político cortoplacista centrado, única y exclusivamente, en el impacto electoral de sus medidas y anuncios. Así está el nivel.

Y, sobre todo, se impone un emocionado recuerdo, uno más, dedicado a la sin par figura del Monarca, cuya campechanía ya trasciende fronteras. ¿Cómo explicar, si no, que sea SM Campechano I la figura más mencionada en los cables de la embajada estadounidense y que, por ahora, el resumen de su perfil, tal y como nos lo ofrece el diario El País, se reduce a indicarnos que a Su Majestad siempre le guía el supremo interés de España? ¿Habrá que esperar a que Wikileaks libere todos los cables para hacernos una idea más cabal de adónde lleva su campechanía, sobre todo en las relaciones con los amigos de SM?

Y a todo esto: ¿qué es lo que ofrece Wikileaks? La verdad es que no son grandes noticias, por ahora. Pero, como muy bien indica José Cervera: “No es lo mismo ’saber’ que todos los políticos son corruptos o que todos los gobiernos mienten que tener la prueba fehaciente de ello”. No es lo mismo obrar con una, nunca absoluta, pero sí probable, impunidad que con el riesgo de la transparencia. Y tampoco sabemos qué queda por aparecer. Entre las cosas que ya han aparecido, algunas son mero cotilleo, muchas eran previsibles, y algunas de ellas, además de previsibles, desalentadoras. El mismo Gobierno que, en la figura de Moratinos, se queja en plan “nuevo rico” de que España manda mucho, a pesar de lo cual EE.UU. la ningunee sin pudor, luego no tiene ningún problema en contribuir al enterramiento jurídico del asesinato de uno de sus ciudadanos (José Couso). Pero lo relevante de unas y otras es que puedan salir a la luz.

Wikileaks también supone, sin duda, una manifestación de primer orden del fracaso del periodismo. Los medios de comunicación se han visto reducidos a meros voceros, encargados de potenciar una información que ya no buscan, ni les proporcionan las fuentes. En teoría, una de las funciones básicas del periodismo es vigilar al poder en sus diversas manifestaciones. Como el poder siempre deja grietas, una de las posibilidades del periodismo consiste en aprovecharlas para dar a conocer lo que el poder quiere ocultar. Pero entonces aparece el pragmatismo, el mercado, los anunciantes, el régimen de concesiones administrativas, … Y los medios, cada vez más, se achantan. Los dossieres acaban acumulando polvo, o destruidos, y los que se han expuesto filtrando la información acaban resignándose (o, aún peor, padeciendo las consecuencias de la filtración sin conseguir a cambio ninguno de sus objetivos).

Los medios funcionan, y es una obviedad tan grande que lamento repetirla, como meros altavoces del poder en sus distintas facetas (económico, político, social). Un poder que se ha convertido, hace ya mucho tiempo, en una casta de privilegiados, aislada totalmente de los ciudadanos y cuya única obsesión es perpetuarse.

Esto, en el caso del poder económico, es hasta cierto punto consustancial a su naturaleza. Lo novedoso, lo que muestra mejor que ninguna otra cosa el fracaso de la democracia representativa, es hasta qué punto el poder político participa de la misma perspectiva. De la comunión con las otras formas del poder y el intento por mantenerse ahí a toda costa.  Y no sólo porque, cuando llegan a lo más alto, los políticos acaban reuniéndose con 40 empresarios para ganar credibilidad ante los mercados. Ni porque se dediquen, una vez retirados, a coleccionar sillones en Consejos de Administración. También porque los políticos, desde hace ya mucho tiempo, lo son (políticos) desde los dieciocho años, y aun antes. Jamás han ejercido profesión alguna más allá de la acción política (bien remunerada, muy poco esforzada en el nivel bajo y medio, y que compensa sobradamente el sacrificio, por el vértigo del poder y el éxito, en el nivel alto). Es gente cuyo principio vital es no perder el chollo (buenos sueldos, poco trabajo, influencia), para lo cual harán lo que haga falta (la alternativa es… ¿Trabajar? Y, claro, ya me dirán Ustedes en qué, que los consejos de administración, los puestos de asesor y las empresas públicas no llegan a todo el mundo).

Por esa razón, no hay nada que les cause más pavor a los políticos que dejar de serlo (en la oposición puede que haga frío, pero no vean Ustedes el frío que hace fuera de ella o del poder). Por eso se han afanado, desde hace mucho tiempo, por tener contentos a los medios de comunicación, que comen de su mano y no suelen molestar más de la cuenta. No, al menos, a los partidos que pueden gobernar (los otros, que se jodan, no vaya a ser que alguna vez se sitúen en disposición de gobernar). Y de repente llega esta especie de comunidad virtual de freaks tecnológicos que se dedica a sacarles los colores, a poner en riesgo una parte importantísima del chiringuito que tan bien tienen montado, que no es otro que la sistemática colonización del espacio público por parte de los partidos políticos.

Por eso, la mejor prueba de la importancia que tiene Wikileaks es la espectacular cacería que se ha montado contra su fundador, Julian Assange, que alcanza a Gobiernos, judicaturas y empresas por doquier (Amazon le niega el hosting, Paypal y Visa el acceso o la captación de fondos, etc.), y que ha llevado a su detención en poco más de una semana desde que se destaparon, porque el tío es un violador sádico, por lo visto. La cosa huele tanto a historia fabricada por la CIA o por vaya Usted a saber quién que ni siquiera los que quieren cepillárselo –real o metafóricamente- se atreven a incidir mucho en el socorrido argumentario de contertulio español, político de tronío o director del ABC de “es un violador, linchémosle”

Share

Share on Facebook

Deja un comentario

Archivado bajo Sin categoría

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s