Los idiomas en el cine

Siempre me había preguntado cómo las pinículas en Alemania sobre la Segunda Guerra Mundial se veían en Alemania, y cómo entendían a cada cual. Claro, aquí doblamos todo, o en los mejores casos se subtitula la parte donde hablan los ‘otros’. Y mi pregunta era: claro, guay, si los yankis se doblan al alemán, ¿cómo distinguen a los alemanes? Aún no tengo muy claro el nivel de doblaje en Alemania – por seguir con este ejemplo concreto – y por tanto mi pregunta sigue sin ser respondida. O dentro de fenómenos globales: los señores de Kwon en Lost, cuando se ostia Sun con una rama y habla sólo coreano, ¿cómo lo hacen en Corea? ¿Sólo por las reacciones de ‘WTF’ de los demás? En fin, cosas que pasan.

Luego hay otros casos, como a lo que vamos. ¿Cómo es posible que siempre haya uno que hable el idioma? Ya no digo en El caso Bourne, ya que Franka Potente está en Zurich y habla inglés, y afortunadamente otros países europeos no tienen nuestro nivel en idiomas extranjeros (bueno, en realidad, ni autóctonos), así que hablar guiri siendo germana, normal. Pero joder, en Viaggio in Italia todo Nápoles habla inglés. ¿Nápoles? ¿En los años 50? (La película es del 52). Hay un momento que George Sanders recoge a una prostituta en la calle, y ella habla mejor inglés que Bergman. La excusa es que lo aprendió ‘por las tropas americanas que ocuparon el sur de Italia’. Acojonante.

En Gilda están en Buenos Aires. Vale, la estaba viendo doblada (¡OH! ¡HEREJE!). Pero hablaban protagonistas que no se conocían entre sí mejor que tú y que yo en una barra de un bar tomando unas croquetas. En el casino todo habla inglés. O el mismo idioma que los protagonistas principales. Al menos tienen la deferencia de meter un tango, y supongo que las referencias al Boca – River de ese año no cabían. Una lástima. Luego claro, en la misma película están los (grandiosos) momentos en los que se canta, que – ¡oh, misterios y milagros del cine! – pasan al inglés.

¿Pasa lo mismo en las películas, digamos, Serbias? ¿Finlandesas? Sólo imaginaros: llega el alto, rubio, y con ojos azules Hans, de Bergen (Noruega) a Medellín por nosequé y casualmente se encuentra con ese colombiano que justo emigró a Oslo y estuvo allí 10 años, así que habla noruego con una fluidez envidiable. O llega Vlado, de las afueras de Dubrovnik croata, al putocentro de la República Democrática del Congo y se encuentra con un grupete majo de locales que casualmente están hermanados con el ayuntamiento de Niksic, por lo que son capaces de hablar servocroata a nivel intermedio incluso en las discotecas locales.

Francamente, lo dudo.

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