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Últimas noticias, con dedicatoria

Hay una canción de la que misteriosamente me acuerdo cada vez que pasa algo bastante cabrón. La letra es una salvajada, pero para eso está la canción. Creo que a más o menos a todos los que hemos escuchado esta canción nos entra la curiosidad por saber quién fue ELLA. De todas maneras, es tan expresiva que se puede dedicar muchas veces, tantas veces como haya gente que va haciendo cabronadas, a ellas y ellos por igual.

Y teniendo en cuenta las últimas noticias a nivel laboral, ahí va dedicada esta canción. Cámbiese la letra donde corresponda.

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Cómo hacer la lista perfecta, de Diego Manrique

Estamos en temporada de listas y más listas: canciones, discos, películas, libros… Y Diego Manrique, en El País, escribe lo siguiente.

 

Estos días son ¡humillantes! Medios y opinadores ofrecen sus rutilantes selecciones de lo mejor del año. Pero un servidor se siente in-ca-paz. Culpa propia, desde luego, por vivir en medio del caos y por seguir esos impulsos promiscuos que llevan a escuchar indiscriminadamente música pretérita y contemporánea, marginalidades y llenapistas. Uno envidia la existencia ordenada de los colegas, su visión de aguilucho para escudriñar lo publicado en los 12 meses previos, su aplomo para entronizar discos que todavía no han sedimentado.

Debe haber truco, me digo. Cierto: analizando esos resúmenes, se advierte cierto método, se evidencia su lógica interna, se adivinan razones íntimas. Ahora, pongámoslo en práctica, confeccionando una lista con 10 discos. Estas serían las claves para acertar en cada puesto y marcar territorio:

- 1º La primera en la frente. El crítico es un gallo y cacarea cuando quiere, aunque desafine. Así que es bueno poner en la cumbre de la clasificación algo insólito, que incomode a los compañeros (“¿cómo no se me ocurrió?”) y deje a los lectores desconcertados: ¿realmente existe un grupo llamado And You Will Know Us By The Trail Of Dead? Sí, existe pero ojo con sobrestimar el nivel general de inglés: mejor algo inteligible, como Beach House.

- 2º El verdadero triunfador. Los chicos listos saben nadar y guardar la ropa. Se unen aquí al consenso, suma del zumbido mediático y el votando-con-el-bolsillo del público enterado. Atención: el segundo lugar evita el bochorno de que parezca que acabas de descubrir a grupos -Arcade Fire, Vampire Weekend- que ya triunfaron en años anteriores.

- 3º El solista ambicioso. En España se valora más a los grupos y tiene su punto apostar por un cantante. El elegido debe alejarse del modelo cantautoril. Urge inclinarse por los que usan arreglos atípicos: Sufjan Stevens, Sam Amidon, Joanna Newsom.

- 4º El drama personal. Las historias de aguante son imbatibles: proporcionan el calorcillo de una solidaridad difusa. Le funcionó al Johnny Cash crepuscular y en 2010 tuvimos la reaparición de Edwyn Collins, superador de un ataque que le quitó movilidad y capacidad de hablar (¡pero no de cantar!).

- 5º El veterano indestructible. Conviene mostrar que el escriba no tiene prejuicios edadistas. Aquí se acomoda a un histórico, preferiblemente huraño: si no ha caído disco de Tom Waits o Bob Dylan, se puede recurrir a Neil Young, Paul Weller, Nick Cave o The Fall.

- 6º El noble experimento. Algún trabajo más apetitoso sobre el papel que en su materialización final. Como el Scratch my back, temas ajenos deshuesados por Peter Gabriel, o I’m new here, el intento de sacar jugo al pobre Gil Scott-Heron.

- 7º Negro sobre negro. A estas alturas, nunca faltaba el rapero intimidante. Nadie se enteraba de lo que parloteaba pero, amigo, ¡sus construcciones sonoras! Dado que el hip-hop lleva una temporada de ensimismamiento, mejor optar por una freak tipo Janelle Monáe, algún adusto disco africano, o -¡perfecto!- la B. S. O. de Tremé.

- 8 Exijo mi medalla. Deliciosamente fraudulento: destacar un disco de jazz europeo o vanguardia dura. Supone atribuirse conocimiento de campos esotéricos; vas de farol pero nadie se atreverá a rechistar.

- 9º El producto nacional. Eternamente enfurruñado con la industria, el especialista aplaude a los guerrilleros que regalan su música en Internet. Puede optar entre, por ejemplo, el humor generacional de Los Directivos o las visiones de Pony Bravo.

- 10º El detalle populista. El plumilla pretende aquí demostrar que, aunque lo contradiga el resto del top ten, también pertenece a la raza humana. Lo hace proclamando una sospechosa pasión por algún superventas o ritmo popular. No vale el reggaetón -lo reivindican pinchadiscos foráneos de alto caché- ni tampoco Lady Gaga o Beyoncé: no sacaron disco en 2010. Siempre queda… Shakira. ¿Una boutade? En Estados Unidos, donde no entienden sus letras (¡ni siquiera las cantadas en inglés!), es tratada como una artista seria. Puede que sí pero en el género burlesque.


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Mixtapes, o cintas de varios

Mix tapes mark the moment of consumer culture in which listeners attained control over what they heard, in what order and at what cost“.

Matias Viegener, incluido en Mix Tape: The Art of Cassette Culture

Parece que hay un fantasma que recorre el mundo moderno. Y no es precisamente el comunismo, sino el fantasma… de las cintas de cassette. Y más concretamente, de las muy míticas cintas de varios (mixtapes en inglés). Esta entrada la empecé a pensar hace ya mes y pico, pero entre higos y brevas (¡visite nuestro bar!) lo he dejado en suspenso, dejando el blog en medio barbecho, copiando-pegando artículos y posts, y con un par de entradas para la sección Top 5.

Chicos, chicas, las cassettes están de moda, muy de moda. Y hay lámparas también.

¿Y cómo es esto de las mixtapes, preguntarán los más jovenzuelos? Pues, queridos míos, antes de las listas de reproducción del Spotify, de los MP3, e incluso antes de los CDs de varios, vemos las cintas de varios, una gran pieza de cultura contemporánea (que sí, de verdad, que hay hasta artículo ad hoc en la Wikipedia, y hasta se hacen cosas con ellas, como iri5 y su Ghost in the Machine). En mi caso, aparte de haber hablado sobre el tema con gente, en diciembre, a partir de sacarme el carnet de conducir, he tenido la necesidad de encontrar cintas (o hacerlas) para usarlas en el coche (¡Oh, cosas del destino! Dani Cabezas, el del blog Entrada Gratuita de 20minutos.es se encuentra ahora mismo en la situación, y ha hecho un concurso de cintas, que no tengo más remedio que promocionar, porque es una idea cojonuda). Y de hecho, en agosto hice mi segunda cinta de varios en menos de un año. Aunque tengo que decir que el resultado fue decepcionante, porque a pesar de ser una magnífica selección, el sonido no acompañaba, y la cinta se quedaba muda más de la mitad del tiempo. Así que al final he optado por comprarme la cinta con cable para poder conectar el iPoZ, e ir feliz y contento con el coche por las calles de Madrid y las carreteras de Castilla. Además, he descubierto otra cinta (que no sabía donde se había metido) con grandes éxitos de ayer y hoy, con Extremoduro, Reincidentes, Platero y tú, The Doors, Bob Marley, The Beatles… Aún no había leído a los ortodoxos de la materia. Pero molan esos viajes al pasado que dan esas pequeñas cosas de plástico duro, esos ‘joder, cómo podía escuchar con tanta pasión a XXXXX (ponga aquí el nombre de un grupo que ahora no escuche ni jarto’ vinos).

Gran anuncio de Kiss FM

Para estos que aún no captan lo bonito que era hacer una cinta de varios, varios puntos:

-          no había música por Internet. Disponías de la música que tuvieses. En CD… y en otras cintas. En muchos casos cintas que tenían algo debajo y que habías grabado algo por encima, y cintas con grabaciones de grabaciones. O con temazos de la radio. Sonido sin parangón. Y no tenías tantísima música. El problema que encontré haciendo un varios para mi hermano (hago de cuando en cuando para su coche)… es el exceso. El MP3 es excesivo. Según mi aTunes, en mi ordenador tengo (agregado al programa, claro), 4766 canciones. 12 días, 13 horas, 12 minutos y 53 segundos de música (si las cifras 12:13:12:53 que aparecen en la parte de abajo significan eso) a la hora de escribir esto, a 24 de octubre), y en el disco duro externo hay bastante más. ¿80-90 minutos teniendo 10 días? Uf, es difícil elegir, por puro exceso. Antes, había casos que por defecto. Y le daba un puntito… de dificultad al asunto.

-          Se necesita tiempo. Al menos una tarde. Porque no sólo es grabar (que 90 minutos ocupaba por cojones), sino porque hay que elegir las canciones, ponerlas en un orden, y además…

-          El Gran Reto: que la selección fuese lo más cercano a 45+45 minutos. ¿Qué se hacía si sobraba espacio? ¿O faltaba? Pues nada, o dejabas una canción a medias, o un minuto en blanco…

-          Además, el momento arte. Y eso lo pongo en palabras de Hernán Casciari en Orsai: “escribo el nombre de las canciones con buena letra azul de imprenta”. Y Dani Cabezas, de nuevo: “como si todavía siguiese invirtiendo un largo rato en decorarlas con rotuladores de colores”. Había que escribir los grupos y los nombres de las canciones bien, con buena letra, que se entendiese.

Luego está lo común a los CDs de varios: pensar. Pensar en para qué quieres ese varios. Pensar en qué le puede gustar a la persona a la que le haces el varios. Joder, este tipo de cosas no se pueden hacer por las buenas. Y cito a Nick Hornby:

“To me, making a tape is like writing a letter — there’s a lot of erasing and rethinking and starting again. A good compilation tape, like breaking up, is hard to do. You’ve got to kick off with a corker, to hold the attention (I started with “Got to Get You Off My Mind”, but then realized that she might not get any further than track one, side one if I delivered what she wanted straightaway, so I buried it in the middle of side two), and then you’ve got to up it a notch, or cool it a notch, and you can’t have white music and black music together, unless the white music sounds like black music, and you can’t have two tracks by the same artist side by side, unless you’ve done the whole thing in pairs and… oh, there are loads of rules” (Nick Hornby, High Fidelity)

Porque una cinta no es una mera suma de canciones. Es un espíritu. Es un poco lo que decía Georg Lúkacs sobre la conciencia del proletariado: “Esa conciencia [de clase] no es, pues, ni la suma, ni la media de lo que los individuos singulares que componen la clase piensan, sienten, etc.” (Historia y conciencia de clase). Frikada pedante aparte, creo que ilustra bien lo que quiero decir. En fútbol, los titulares de un equipo no son la conciencia del equipo. El equipo es algo por encima. Que parte de todos, y es parte de la suma de todos. Lo mismo: una mixtape, cuando está bien hecha, tiene un espíritu, y este espíritu combina el autor, para quién o qué está hecho, las canciones, etc. Y, además:

“The process of making a mix tape gave people a connection with music that the electronic version simply can’t replace. Because it is so easy to drag and click a mix into existence, the sense of satisfaction with making what many feel is a work of art gets diminished.” (Joel Keller, ‘PCs killed the mix-tape star’)

Ahora, se pone el iPoZ/MP3 en aleatorio… y el algoritmo famoso hace el trabajo. Ahora si quieres una canción la consigues, sin más. Ahora listas en Spotify si quieres hacer un varios a alguien. Ahora para que los colegas te pasen música basta con colgar canciones en el muro en Facebook (y yo el primero).

“Yes, making a mix tape required a level of commitment that just isn’t necessary in our precise-copy, drag and drop, click and burn world.” (Max Mobley, ‘Requiem for the Mixtape’).

Sonaban mal. Se atascaban. Se perdían. Se tardaba en hacerlas.

Pero de cuando en cuando se echan de menos.

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Justo hoy que escribo esto, la compañía Sony ha decidido dejar de fabricar el famoso walkman. Día triste. (El País, The Guardian)

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TOP 5: Cinco tranquilitas

En una nueva entrada de Top 5, cinco canciones tranquilitas que me están gustando especialmente estas últimas semanas:

5.- Elvis Perkins, ‘While you were sleeping’. Sí, el hijo de Anthony.

4.- Beirut, ‘Postcards from Italy’. También hay versión de Florence & The Machine.

3.- Joe Purdy, ‘Wash Away’. Que aparece en el tercer episodio de Lost.

2.- Anni B. Sweet, ‘Take on me’. Tras la ‘literal version‘ del temazo de A-Ha, versión de la malagueña Anni B. Sweet.

1.- Manel, ‘Gent Normal’. Versionaca de ‘Common People‘ de PULP, y que conocí… la semana pasada. Pero llevo toda la semana escuchando la canción sin poder parar. Y fue utilizada para la campaña del FC Barcelona para esta temporada.

¡Que tengáis buen fin de semana!

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Absolute Madness (by Johnny Lake @ The Sabotage Times)

Y sigo copia que te copia. Esta vez, Absolute Madness, aparecido en The Sabotage Times.

 

Hey you, don’t watch that, watch this. This is a handful of the very best Madness songs. An appreciation of the pop greats who never took themselves seriously yet churned out hits for fun.

Narh, narh, narh. Narh, narh, narh, narh, narh, narh. They were great weren’t they? Madness I mean. They were though weren’t they? Its 12.55 a.m. Monday morning, I’m up for work in five hours, I sat here in the living room watching old Madness videos on Youtube. Why?

Sunday morning I had a big brunch date with my three favourite girls. My daughters. We were stood outside Raymonds in Montclair with all the other would be diners, MSU hipsters, Manhattan office working commuters, families and pensioners, waiting for our table – twenty minutes sir, these girls all yours? They’re adorable – watching the world go by. The girls, smiled at babies, played tag and commented on a passing greyhound,’ I hope it’s a dog that’s been rescued,’ my eldest enquired in a concerned tone.

It was one of those perfect early Autumn mornings, glorious sunshine but a little nip in the air. Great weather for a thick shirt or maybe a jumper. I saw one chap in a North Face fleece but he was just being daft. The twins were getting a bit restless, bored even. Twenty minutes seems like an age when you’re eight, I’ve no doubt. Especially when you’re waiting to eat pancakes. Out of the blue, The Dude (one of my kid’s nicknames) started up, ‘Hey you, don’t watch that watch this. This is the heavy, heavy monster sound…’ Everyone within earshot grinned or laughed out loud.

Madness can do that though can’t they? Even after 31 years, ‘One Step Beyond’ can cheer you up. It can, believe me. They had great tunes didn’t they? And the lyrics – admittedly the afore mentioned ‘One Step Beyond’ and ‘The Return Of The Los Palmas Seven’ were a bit what you might call sparse in that department – were amazing. Little insights into another, yet strangely familiar, world. If Ray Davies had written ‘Our House’ or ‘Embarrassment’… How could you take Suggs seriously when he didn’t appear to take himself seriously? But never mind all that. It was the videos wasn’t it? It was. I can’t think of another band that embraced the medium so fully. They were brilliant. They are brilliant. They draw you in. They make you smile. And they get you tapping your toe.

You doubt me? Ladies and gentlemen, boys and girls, children of all ages, might I present, in no particular order, for your musical and visual entertainment, seven five* of the greatest videos you will ever see.

House Of Fun


Our House

It Must Be Love

Baggy Trousers *

One Step Beyond

 

* Seven in the original entry.

** I’ve put ‘Baggy Trousers’ instead of… ‘Uncle Sam’, ‘Shut Up’ or ‘Tomorrow’s Just Another Day’

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Sobre versiones

Otra entrada copiada, que hasta podría entrar en la categoría QBEC Crea Tendencia. Hoy, un reportaje de El País en el que se intenta ver el porqué de la resurección masiva de discos de versiones, una de las grandes preocupaciones de este, vuestro blog, como se pudo ver allá por julio con esa entrada de ‘Tipologías de canciones‘, y de las cuales se ha hablado más adelante.

 

¿PARA QUÉ CREAR? VERSIONA (Por Íñigo López Palacios)

Músicos consagrados compiten con recopilaciones de éxitos ajenos – ¿Homenaje a los grandes o crisis de creatividad? – La industria agradece el camino fácil.

Es casi epidémico. En los últimos meses grupos de todos los estilos, muchos de ellos considerados clásicos, han publicado discos con canciones de otros. No hay datos concretos, pero se multiplican. Es una avalancha de veteranos revisionistas. Por citar unos cuantos: Peter Gabriel, Santana, Eric Clapton, Phil Collins, Marc Anthony, Liza Minnelli, Rod Stewart, Tom Jones, Cyndi Lauper, Brian Wilson, Herbie Hanckock o Robert Wyatt. “Cuando hablamos de discos de versiones rápidamente me vienen a la cabeza cuatro motivos por los que un artista se quiere enfrentar a tal reto: la vagancia, la falta de creatividad, la búsqueda del dinero rápido o el auténtico y sentido homenaje”, dice Leopoldo Alcaraz, jefe de producto musical de FNAC España.

Sea lo que sea, funciona. Una mirada rápida a la lista de los discos más vendidos en España esta semana permite ver que en el tercer puesto está Going back, el doble álbum de Phil Collins de versiones de soul de los sesenta. En el cinco, el de Eric Clapton. Santana, tocando trillados temas de guitarra, está también entre los 20 primeros.

“Phil Collins tuvo un éxito brutal hace muchos años con una versión de Supremes, supongo que algún espabilado le ha dicho que haga un disco entero así”, especula Javier Liñán, director de la discográfica independiente El Volcán, y la persona que ha coordinado Viaje satélite alrededor de Carlos Berlanga, un álbum en el que 22 artistas nacionales reinterpretan canciones del fallecido músico español. Un respetuoso tributo que ha entrado en el puesto 35 de la lista. “Los casos que mencionas suelen ser estrategias de mercadotecnia, no sinceros homenajes la mayoría de las veces. Es gente que no vende un disco de canciones originales hace mucho tiempo. Muchos de ellos ni siquiera son autores. Necesitan girar, y facturar. Por eso hacen este tipo de proyectos conceptuales basados en repertorios de demostrado éxito. Cada caso se merece un análisis aislado, pero en general siempre obedece a estrategias para revitalizar carreras apoyadas en repertorios de éxito demostrado”, dice.

Con la industria discográfica sufriendo una larga agonía, los nuevos lanzamientos han pasado a un segundo plano de relevancia comercial. Eso permite por un lado que los artistas valientes corran más riesgos, pero también crea una especie de desgana que hace que los músicos con contratos que les obligan a entregar discos se los quiten de encima con lo primero que se les ocurre: un directo, el enésimo recopilatorio… o versiones. Pero tampoco es justo apuntar solo a los veteranos. The Baseballs, un trío alemán de rockabilly vocal formado en 2007 por tres veinteañeros lleva 400.000 copias colocadas en toda Europa de Strike back!, su disco de presentación. Su baza son las versiones al estilo del rock and roll de los cincuenta de éxitos recientes del pop como ‘Umbrella’, de Rihanna, o ‘Poker face’, de Lady Gaga. “No es una invención nuestra, ni es nueva. Así surgió el rock and roll. Tocamos las canciones que nos gustan en el estilo que nos gusta. Lo mismo que hacían Elvis o Jerry Lee Lewis. Cuando escuchas rock and roll, es tan importante lo que les pasa a tus oídos como lo que les ocurre a tus pies. Es escuchar música como si fueras niño. No piensas en el mensaje de las canciones. Simplemente sientes que te hacen feliz”, dice Basti (Sebastian Raetzel), miembro del grupo.

Al otro lado del Atlántico pasan cosas parecidas. La serie estadounidense de televisión Glee es un musical dirigido al público juvenil; un fenómeno que esta semana ha superado a los Beatles en el número de canciones en el top 100. A los de Liverpool les costó cinco años incluir 75 canciones en lista. El reparto de Glee lo ha logrado en 14 meses. Su discográfica, Sony, cuelga las canciones en Internet inmediatamente después de la emisión de cada capítulo. Y del último han entrado seis: cinco versiones de Britney Spears y una de Paramore , grupo que se hizo famoso por participar en la banda sonora de Crepúsculo.

Es algo parecido a lo que hizo Operación Triunfo en sus primeras ediciones cuando los discos de los triunfitos eran cada semana los discos más vendidos despertando airadas reacciones de músicos como Manolo Garcia. “No dudo que OT tenga permiso legal para utilizar mi canción, pero desde luego no cuenta con mi aprobación. Y me hubiera gustado que se me preguntara si quería formar parte de este -perdonen pero es lo que a mí me parece- circo. Una cosa es que la ley permita publicar discos con nuevas versiones sin mi autorización y otra muy diferente, creo yo, es que sin yo quererlo me vea incluido en un programa de televisión con cuya filosofía y valores no comulgo en absoluto”, escribía en 2002.

Porque legalmente hay una diferencia entre interpretar una canción ajena y hacer una obra derivada. “Si la cantas igual que la original, o con modificaciones menores en la instrumentación, simplemente hay que pagar los derechos correspondientes al autor o sus herederos legales. Pero si modificas el tema, es el caso de un cambio en la letra o una traducción, hay además que pedir permiso”, explica Paloma Llaneza, abogada especializada en derechos de autor y nuevas tecnologías. El problema a veces es saber cuándo se pasa esa frontera. “Si se reconoce por parte del intérprete se llega a un acuerdo. Si no, se entra en temas judiciales. Es básicamente un mecanismo de prueba”.

En un mundo desmemoriado, a veces de lo que se trata es de recuperar un tema olvidado pero reconocible. “Una canción de éxito, si no está muy trillada, la vuelves a grabar y es un éxito otra vez. Hay que saber pillar el pulso de los tiempos y de las tendencias y elegir la canción adecuada en el momento adecuado”, dice Liñán. De lo que se trata en ocasiones es de llevarla de un público a otro, como han hecho The Baseballs: “Hay gente que piensa que los temas son nuestros. Generalmente el público de otras generaciones, que no está al tanto de las listas de éxitos. Y, al revés, hay jóvenes que creen que se trata de temas de Elvis. Versión es un término muy amplio. A menudo la gente piensa que es solo cantar canciones que otros cantaron antes. Pero no es tan sencillo. No se trata de hacer karaoke, sino de arreglarla en una nueva manera. De deconstruir la original y reconstruirla. A veces funciona, otras veces la nueva versión no es tan diferente de la original. Pero si funciona, el efecto puede ser muy grande. Si hacer versiones fuera tan poco creativo ‘Hound dog’ sería aún un blues lento, ‘That’s all right mama’ no te haría bailar y ‘Whole lotta shakin’ goin’ on’ solo la conocería un puñado de personas”.

Pero cada caso es un mundo. “No tiene nada que ver Rod Stewart, que lleva no sé cuántos Songsbooks y que se ha convertido casi en un artista que solo hace temas de otros, con el de Tom Jones, que es un disco de música religiosa, muy ambicioso. ¿Todos están cogiendo el camino fácil? No. Hace 40 años que se hacen discos de covers y los ha habido de todos los colores”, explica Paul Reidy, jefe de producto de la discográfica Universal.

Es verdad. El mundo del jazz lleva décadas revisando los mismos estándares y nadie se atrevería a cuestionar la creatividad de Miles Davis ni cuando tocaba Time after time, de Cindy Lauper. Quizás uno de los problemas al analizar estos fenómenos es la idea de que si varias cosas similares coinciden en el mismo lugar, al mismo tiempo, se trata de un contagio y, según Reidy, esto no tiene por qué ser así. “Hay dos cosas diferentes. Por un lado yo creo que es casualidad que todos estos artistas hayan hecho estos álbumes. Lo que no creo que sea tan aleatorio es que todos se hayan publicado en el último trimestre del año. Muchos están destinados a ser producto navideño. No requiere tanto esfuerzo por parte del oyente. Cuando presentamos una versión a la radio son más receptivos. Es un pelín más fácil que un repertorio desconocido”.

Vista la dramática situación del mercado, que en España es aún peor (las ventas han caído en el primer semestre de 2010 casi un 13%, encadenando nueve años de descenso), cuando un músico conocido llega con un proyecto así la firma debe respirar. “Si aparece Metallica diciendo que va a hacer un disco orquestal de folk irlandés del siglo XVII te da un poco de yuyu. Pero, si te proponen un disco que se corresponde con sus influencias, que sabes que van a interpretar con dignidad y criterio, nadie se pone nervioso”, reconoce Reidy. O, como explica Liñán: “No es que se venda más que con temas originales, pero el hacer un disco con canciones nuevas y que funcione es muy difícil”.

Es un mundo complicado para jóvenes y veteranos por igual. En septiembre Music Week, la biblia de la industria musical británica, dedicaba su portada a la desaparición del rock y el indie de las listas de ventas del país. “El resurgimiento del pop y la urban music está enviando al rock a los libros de historia”, afirmaba. Si tenemos en cuenta que el tema de rock que más se ha vendido en Reino Unido en 2010 es ‘Don’t stop believin”, de Journey, editado originalmente en 1982, parece lógico que los músicos miren para atrás.

Si esta moda es circunstancial, una retirada a los cuarteles de invierno esperando a que el tiempo mejore, mal. Pero si se trata de una crisis de creatividad, de una rendición al constatar que ya no hay nada que hacer, la situación entonces roza lo dramático. El primer disco español de versiones que aparece en la lista de los más vendidos es Introversiones, de Celtas Cortos. Los vallisoletanos han decidido adaptar canciones que les han influido. “Surgió de forma furtiva. El próximo disco de canciones propias estaba lejos. En principio, era plasmar la gratitud a artistas que nos han dejado huella. Es cierto que cuando publicas un disco nuevo de partida ya cuentas con el fracaso, o con el no-éxito al menos. Desde luego es una manera de darte aire a ti mismo y de tomar un poco de perspectiva y tomar tiempo para lo que puedas hacer después”, dice Alberto García, violinista del grupo vallisoletano. “Te lo puedes tomar, si quieres, como una falta de ideas. Pero yo lo veo como probar de otro plato. Se le puede dar la razón o quitar al que lo diga dependiendo de lo que venga detrás”.

 

EXPERIENCIAS PRECOCINADAS, por Diego Manrique

Hubo una época en que lanzar un disco de versiones constituía todo un desafío estético. A principios de los setenta, el rock empezaba a ser consciente de su trayectoria -se habían publicado las primeras historias y enciclopedias- y hacía memoria. David Bowie evocaba en Pin ups (1973) el excitante Londres de los mods y la primera psicodelia. Coincidía con These foolish things, debut de Bryan Ferry como solista, que aplicaba sensibilidad del pop art a improbables temas de Dylan o los Stones. Unos meses más tarde, con Moondog matinee, The Band recuperaba su duro aprendizaje en locales de tercera división. Y Lennon iniciaba la grabación de su Rock ‘n’ roll.

Todos esos discos mostraban voluntad reivindicativa, a veces incluso contenían argumentos contrarios al purismo dominante. Ferry ampliaba las fronteras musicales y emocionales del pop al recuperar el tema que daba título al disco, un standard de 1936. Hasta The Band rompía su ortodoxia con la interpretación del cinematográfico El tercer hombre. Las motivaciones de fondo eran variadas pero, incluso entre los que necesitaban rellenar un hueco y salir del paso, latía la esperanza de que el viaje al pasado tuviera propiedades vigorizantes, que sirviera para recuperar la pasión primigenia.

Cierto que, en 1973, los cincuenta y los sesenta parecían un país remoto. Hoy, el pasado vive entre nosotros y nos muestra su perfil más favorecedor. El cine, la publicidad, las series recurren al inmenso poder de las canciones añejas. No se requieren máquinas del tiempo: las reediciones, las remasterizaciones, las ediciones conmemorativas nos traen las glorias pretéritas.

En el tiempo del reciclaje, todo es recuperable con un pellizco de ironía. La colección de versiones forma parte del abanico de opciones útiles para estirar una carrera, como el desenchufado, los duetos, las remezclas, el rick rubin, la inmersión en la world music, el disco con orquesta de cuerdas o metales…

Lo saben personajes como Clive Davis, el disquero del concepto vendedor, que rige los pasos de Rod Stewart o Carlos Santana. La fórmula: juntas un cancionero inoxidable con una cara reconocible y ya tienes una oferta irresistible para ese tipo de consumidor que ignora los placeres de las versiones originales o los dramas del proceso de creación; prefiere emociones premasticadas, uniformidad sonora, digestiones fáciles. Por el precio que paga por lo nuevo de Phil Collins, podría comprarse una caja llena de prodigios de Motown. Pero eso exigiría un esfuerzo. Exigiría cultura.

 

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La la la (The Sabotage Times – Also in English!)

Otra entrada que consiste en copiar un artículo. Pero es que esta lista me ha parecido brillante.

TOP 10 SONGS THAT GO… LA, LA, LA

Tim Law, en The Sabotage Times

That’s Entertainment – one of the greatest songs ever written. It took Paul Weller 35 minutes to write, or so legend has it. He scribbled it down while sat pissed on the last bus home.

What do the lyrics mean? Haven’t got a clue. And I don’t care – because it sounds great. Especially the chorus:

That’s entertainment.

La-la-la, la-la-la

Why bother spending hours torturing yourself over some wanky lyrics when you can express yourself with a noise? For some reason, that noise usually comes out as  ‘la, la, la’. So, here’s the definitive list, which nobody can argue with, of the 10 greatest songs that go la, la, la.

10. Van Morrison Brown Eyed Girl

It’s no wonder Van Morrison turned into such a miserable git. Despite releasing about 7,000 albums during his life, Van is still best known for one track: Brown Eyed Girl. It’s his signature tune. One of the most played songs in the history of recorded music, recently racking up its nine millionth radio play. But here’s the good bit. Van the Man claims that, owing to a dodgy contract he signed as a youngster, he’s never received a penny in royalties for it. It may explain why he hates it so much. He has said, “I’ve got about 300 songs which are better”. Still, it’s a cracking tune from one of the masters of the la, la. Check out Caravan as well.

Lyric:

Do you remember when we used to sing?

Sha-la-la-la-la-la-la-la-la-la-la-te-da

Sha-la-la-la-la-la-la-la-la-la-la-te-da

La-te-da

9. Lanc-y-shurr La, La, La

There’s no better sound on a summer’s afternoon than a bunch of fat, sun-burnt Lancashire cricket fans bellowing out this terrace classic. It’s the bacon sandwich of the la, la song. Stripped down to its raw components: name of county, three la’s and some booze. That’s it. Simple. Beautiful. If it was sung by anyone else it could easily sound a tad moronic. But filtered through the bizarre high-pitched drone of the Lancastrian – it becomes the la, la equivalent of Hallelujah.

Lyric:

Lanc-y-shurr… la, la, la. Lanc-y-shurr… la, la, la

8. The Faces Ooh La La

Bit of a cheat this. Despite the title, you’ll only find a smattering of five la’s in this tune. But fuck it, it’s a cracking song. This was recorded just as the The Faces were falling apart. Ronnie Lane wrote it for Rod Stewart, but the mullet-haired idiot refused to sing it – didn’t like it, apparently. It was left to a pre-Rolling Stones Ronnie Wood to do the vocals on the album version. But it’s this later version, sung by Ronne Lane, that does it for me.

Lyric:

Ooh-la-la

Ooh-la-la-la, yeah

7. Half Man Half Biscuit Venus In Flares

Trust these loveable Birkenhead scallywags. They couldn’t just do a song with some la’s, oh no: they had to be all postmodern and droll about it and deconstruct its use in the tool shed of lazy songwriters. Smartarses. Good though – off their first album.

Lyric:

And I went la-la-la-la-la-la-la

La-la-la-la-la-la-la

I went la-la-la-la-la-la-la

Just like everyone else does when they can’t think of any more words.

6. Wolfgang Reichman Himmelblau

What do you need to know about Wolfgang Reichman? Well, you’d never have guessed it, but he was German. He dressed like an accountant, wore blue lipstick and was stabbed to death by a random stranger just a couple weeks before his first album was released. Himmelblau is nine minutes of bubbling, shimmering electronica. It sounds a bit like Kraftwerk driving a Fiat Punto through the countryside. It keeps you waiting before the la, la bit kicks in, but stick with it – it’s worth it.

Lyric:

La-la-la-la-la-la-la-la-la-la-la-la-la-la.

5. Iggy Pop – The Passenger

This has to be included, I suppose. It’s a shame, because Iggy Pop really is one of the most tiresome dickheads ever to parade around on a stage with his top off. Iggy – currently performing in his latest car insurance advert – has only ever recorded two half-decent songs: Lust for Life and The Passenger. And despite being poisoned by association with its creator, The Passenger has survived as the Smoke on the Water of the la, la, la. Yes, Bowie did some of the backing vocals. Now fuck off.

Lyric:

Singin’ la-la-la-la-la-la-la-la

La-la-la- la-la-la-la-la

La-la, la, la, la, la, la, la, la, la

4. The Jam Saturday’s Kids

You can chart the decline of Paul Weller by the number of songs he wrote which featured a la, la, la. Back in the 80s, just about every Jam song seemed to include a burst – That’s Entertainment, Going Underground, Man in the Cornershop – all class. But the height of the Weller la, la, la came with Saturday’s Kids. After that he started getting into jazz, writing sensible lyrics about emotions and the next thing you know, you’re in a field surrounded be middle-aged men watching the UK’s dullest musician.

Lyric:

La-la-la-la-la-la-la-la-la-la

La-la-la-la-la-la-la-la-la-la

La-la-la-la-la-la-la-la-la-la

3. Elvis Presley I’m Leavin’

This was a commercial flop for 70s Elvis. It showed its face in the Top 40 before scuttling off into obscurity. But it remained one of Presley’s personal favourites, a song he continued to perform right up until his death. It’s not your usual Presley fare – it’s a song about loneliness and depression. The la, la, la’s here come from somewhere deep inside – a fragile and haunting refrain.

Lyric:

La-la-la-la-la-la-la-la-la-la-la-la-la

La-la-la-la-la-la-la-la-la-la-la-la-la

La-la-la-la-la-la-la-la-la-la-la-la-la

La-la-la-la-la-la-la-la-la-la-la-la-la

I’m, I’m leavin’

2. Joe RaposoSing

You might not have heard of Joe Raposo, but, if you’re of a certain age, you’ll be familiar with his tunes. He was a Portugese musician who used to write most of the music for Sesame Street, including the classy theme tune. He’s also supposed to have been the inspiration for the Cookie Monster. Raposo wrote Sing as something that kids on the show could learn easily. No need to remember lyrics, just go la, la, la. But it became something of a crooning classic after it was covered by the likes of The Carpenters and Barbara Streisand. Fuck you Radiohead. Fuck you Doves. Listen to this and weep.

Lyric:

La-la-la-la-la

La-la-la-la-la-la

La-la-la-la-la-la-la

1. Meic Stevens Y Brawd Houdini

If you hang around pubs in Cardiff for long enough, you’ll eventually meet a cantankerous old fella clutching a pint of wine. This is Meic Stevens – the creator of the best la, la ever recorded.

These days Meic looks a bit like Father Jack – and a few years back he was arrested for threatening to shoot a landlady who’d refused to feed him any more booze. In the 60s, however, he was a fresh-faced young folk singer who was touted as the Welsh Bob Dylan. With fame and fortune calling, Meic heroically slammed the door in its face. He insisted on continuing to write and record music in his native Welsh language. And he’s carried on doing it for the last 40 years. But it’s one of his very first songs which still stands out – Y Brawd Houdini. It’s a song about going for a beer with the brother of the escapologist. Once you hear this la, la, la – it’ll never leave. The greatest terrace chant that never was.

Lyric:

La, la, la, la, la, la, la, la, la, la, la, la, la, la

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Podría haberse añadido también, desde mi punto de vista, el Fu-gee-la de los Fugees, y por supuesto, el La La La de Massiel

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