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Banana Monarchy, de Otis B. Driftwood


Banana Monarchy [1]

de Otis B. Driftwood, en su más que recomendable blog: http://driftwood.librodenotas.com/

 

Aparentemente para los poderes públicos (los fácticos y los que se votan), tener a cuatro gatos con una caseta de información en la plaza más emblemática de Madrid queda feo. Especialmente cuando en unos días un señor con boina blanca, ropajes bordados en oro y zapatos que cuestan más que mi sueldo de un mes, tiene que pasar por allí en un auto blindado para saludar con la manita mientras se acerca a un festival de masas que todos pagamos de nuestro bolsillo a cambio de nada.

Cuando gente que apoya, no a esos cuatro gatos, sino a la idea que ellos, entre otros, han querido mantener viva y caliente, esos poderes públicos deciden decretar el estado de sitio dentro de esa plaza. Como si estuviésemos en guerra o hubiera habido amenaza de bombas (plural), la policía desaloja la plaza, corta los accesos y la deja virtualmente vacía, excepto por la presencia de unas lecheras y varios grupos de antidisturbios dispuestos a liarse a estacazos a poco que un superior les dé la orden o que, simplemente, consideren que alguien se está pasando de rosca. De ese modo, lo que en principio podría haber sido una simple molestia para comerciantes, paseantes y turistas (¡ay, los turistas, qué poco les estimamos pidiendo ante sus narices una vida mejor!), se ha convertido en la enésima imagen de la vergüenza que España muestra al mundo civilizado.

Entretanto, esos mismos comerciantes, ignorantes cortoplacistas que no saben que cualquier día no habrá quien pueda comprarles sus baratijas, hablan por boca de un portavoz que exige mantas de hostias contra esos desharrapados. Quién se creerán que son, aparcar su culo a cien metros de MI tienda para pedir una democracia de esas, se puede oír retumbando en su destartalado cerebro. Ellos no pasan penurias, votan a quien deben y viven felices.

En paralelo, un pacto entre los dos partidos gobernantes impedirá que formaciones pequeñas puedan presentarse a las elecciones que en breve llegan, salvo a expensas de un altísimo coste, para muchos inasumible si antes no han tenido ningún tipo de representación. Lean bien esto: impedirá que se presenten. La democracia secuestrada por quienes ya tienen su culo marcado en un escaño. Haber venido antes, parece que dicen. Y ante esto, a no pocos ciudadanos les parece buena idea porque “celebrar unas elecciones es un proceso que cuesta mucho dinero al Estado”. Treinta y cinco años llevamos de una democracia imperfecta, y aún hay gente que no tiene ni puta idea de lo que significa esa palabra.

Y cuando los poderes públicos deciden vaciar una plaza y cortar sus accesos, quienes no pueden entrar en ella no se arredran y van a otra plaza, se mueven por las calles, se dirigen a Callao, a Cibeles, al Paseo de la Castellana, a donde se les vea y se les oiga. Porque son más y porque les asiste la razón. No hacen nada más que moverse y protestar, moverse y protestar, moverse y protestar. Y en esas que llegan a las puertas del Ministerio del Interior y la policía, obedeciendo órdenes, carga, golpea, intimida, vuelve a golpear, secuestra móviles y borra imágenes, se burla de quien le pide identificarse… Un periodista (no sólo uno) está grabando lo que pasa y hablando con miembros del cuerpo. De repente, le mandan al suelo, le golpean a discreción y luego le detienen. Los policías que cometen esa barbaridad la redondean con mentiras, sin saber —o sabiendo— que otra persona les ha grabado también y todo el mundo ha podido ver ya lo que sucede. Lo que creíamos que se había desterrado desde hace años. Todo porque un periodista quería cumplir con su deber, que es el de informar. Un deber que la televisión pública, de nuevo instrumento gubernamental, ignora de plano… la noticia ni siquiera aparece en la portada de su web, a pesar de su gravedad.

Mientras, el presidente del Congreso afirma que lo pertinente ahora es que su partido y el de enfrente se unan y gobiernen juntos, “porque la situación lo requiere”. Ya puestos, podría haber pedido que se dejen las elecciones a un lado y se regrese al turnismo de los tiempos de Cánovas y Sagasta. Qué sabrá el pueblo… los que nos votan estarán de acuerdo y los que no son unos perroflautas que mira qué asquerosa dejan la plaza. Qué dirá el Papa cuando vea esto , se lee entre las líneas de su flequillo implantado. Otro político autodenominado socialista, el ex-ministro del interior y candidato del partido al 20-N, afirma que son doscientas personas las que cortan las calles. Doscientas. Lo que hay en la cola de una discoteca. Ciego, sordo, mudo y embustero. Un encantador de serpientes, que decían de su mentor monclovita y mismamente puede aplicarse él. No hace ni dos días que lanzaba “guiños” a los mismos a los que después su sucesor en el cargo, ese siniestro personaje con forma de ministro que cualquier gobierno con un mínimo de vergüenza ya habría destituido, se encarga hoy de canear a base de porra y gorra.

Dentro de unos días el jefe de un estado teocrático, machista, homófobo, protector de pederastas y criminal por omisión circulará libremente por la misma plaza que hoy y ayer estaba negada a los ciudadanos que la pagan; esos mismos poderes públicos le recibirán con abrazos y parabienes; bloquearán esas mismas calles y plazas con mayor trastorno para quienes por ellas pasan que los cuatro perroflautas de ayer o “Los 200” de hoy; le cederán un asiento en los cómodos sofás del gobierno y lanzarán albricias por sus fieles, inasequibles al desaliento. Y después, con el dinero de todos, limpiarán la mierda que dejó él y su cohorte, que seguro que no regresan sobre sus pasos para terminarla de limpiar. Eso sí, en lugar de oler a personas sin zapatos de cuatro mil euros que sólo piden cosas justas, olerá al agua bendita de quien se considera con derecho a decir a los demás que son inferiores por derecho divino.

Y no pasará nada, porque nunca pasa nada. El Estado seguirá pagando los caprichos del señor con boina blanca e invitándole a té con pastas con que éste mueva un sólo dedo. La prensa tendrá titulares y miles de letras loando a la multitud que se concentra ante su líder espiritual. Los indignados, apellido que en realidad designa, simplemente, a ciudadanos, desaparecerán de las portadas de los periódicos y, en su lugar, veremos la foto de nuestros parásitos de plantilla (éstos en vez de boina llevan corona) tomando vacaciones de no se sabe muy bien qué trabajo mientras un director aprueba un pie de página admirando que el yerno favorito de España ayude a su muhén a no tropezar con la borda del yate.

Y debajo de todo esto, en las páginas que nadie lee, la democracia se seguirá recortando poquito a poquito. Eso es lo que pasa en la transición de una democracia imperfecta a una monarquía bananera.

Postdata. Al parecer la Delegación del Gobierno ha decidido levantar el bloqueo de Sol (prohibiendo acampar) y los ciudadanos ya están entrando y manifestándose en la plaza. A pesar de esto, los sucesos de estos dos días exigen que la delegada del Gobierno y su jefe, el ministro Antonio Camacho, no sigan ni un minuto más en su puesto. Su actitud y sus decisiones son impropias de un Estado democrático y de derecho. Hay abierta unapetición online (seguramente inútil, como ha pasado con esa lacra llamada Felip Puig) por si quieren añadir su firma exigiendo su dimisión o, de no producirse, su destitución.

Segunda postdata. Si creen que el texto anterior, fruto del cabreo, resulta exagerado, piensen en lo siguiente: de no ser por Internet, por las informaciones que proveen los ciudadanos y por redes como Twitter, probablemente nada de esto se hubiese sabido más allá de lo que las televisiones hubiesen querido —o se les hubiese ordenado— contar. Nunca, nunca, den por sentadas sus libertades.

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15-M: la muerte de la (palabra) izquierda (Juanlu Sánchez, en Escolar.net)

El 15-M se resiste a definirse como un movimiento de izquierdas. No hay pancarta que la nombre, no hay cántico que la reclame, no hay comunicado que la mencione: la palabra ‘izquierda’ ha sido descatalogada del manual de cultura política que este movimiento multicéfalo propone para el futuro.

El grupo de trabajo de Economía de Sol trabaja sobre 22 propuestas entre las que se incluyen la tasación de transacciones financieras, la banca pública, el aumento del salario mínimo, el rechazo a la reforma de las pensiones, el 0,7% para Cooperación o políticas económicas de género. En Salud reclaman sanidad pública universal, en Educación cuestionan el papel de los colegios concertados. Aunque hay grupos de trabajo minoritarios con otro tipo de mensajes de inspiración más anarquista o “autónoma”, las iniciativas de los más numerosos podrían encontrar su fundamento en la política de lo que hasta ahora se ha llamado izquierda. Pero preguntas y te dicen: no, no somos un movimiento de izquierdas.

En el manifiesto de Democracia Real Ya se hace referencia a “la igualdad, el progreso, la solidaridad, el libre acceso a la cultura, la sostenibilidad ecológica y el desarrollo, el bienestar” garantizados por un gobierno que “debe ser del pueblo”, a la vez que se critica el bipartidismo “PPSOE” como fuente de muchos de los problemas sociopolíticos.

Y, sin embargo, Democracia Real Ya comentaba ayer en twitter que “entrar en derechas o izquierdas es un debate semántico. Mientras que el marketing político lo paguen los bancos no habrá ni una ni otra”, por lo que “estamos buscando algo diferente porque lo que hemos visto hasta ahora, no ha funcionado”.

La cuestión de la narrativa no es anecdótica y afecta a todo el escenario político, sacudido y nervioso tras el adelanto electoral, ávido además de hacer guiños a “los indignados” y sobre todo de recibirlos. He estado en encuentros informales entre personas muy activas del 15M y otras integradas en grandes organizaciones políticas tradicionales y todo lo que éstas últimas reclamaban era que los del 15M se declararan “de izquierdas”. Para poder comprenderles, otorgarles una categoría en su forma de ver el mundo y descansar en paz antes de seguir hablando.

Otro ejemplo de que no hablamos de un capricho ni una ocurrencia de Sol: antes del 15M, en el mes de enero, en la presentación en sociedad de Equo, el nuevo partido ‘ecosocial’, Daniel Cohn-Bendit soltó una perla que dejó fríos a algunos de los asistentes de más trayectoria: “Los ecologistas no somos ni de izquierdas ni de derechas”. Luego tuvo que matizar, ante la inquietud palpable: “Estamos contra la derecha y para cambiar la izquierda“.

Y de nuevo cito un tuit de DRY: ”Nosotros vamos más allá de ser de izquierdas o derechas. Son ideales que dividen a los que están abajo de la pirámide”, un argumento que bebe de la misma lógica que estas palabras de Ollanta Humala en la campaña electoral que le ha conducido a ser presidente de Perú: “Yo no soy de izquierdas ni de derechas; yo soy de abajo”.

Resulta que no estábamos presenciando la muerte de las ideologías sino la muerte de la terminología y puede que de algo más. Los sociólogos y politólogos ya nos dirán si es porque hablar de “conciencia de clase” del “proletariado” ya no tiene sentido para universitarios frustrados. O si es porque se ha baboseado tanto sobre el vocabulario de izquierdas que al final ha perdido su valor y, como ocurre con todas las palabras vacías, desaparecen. O porque la heterogeneidad y la obsesión por el consenso evita etiquetas para evitar escisiones. Si es porque el esquema ya no es trabajadores contra el capital sino representados contra representantes, o si es porque la red está construyendo una sociedad donde la inteligencia colectiva se nutre de eficacia de lo individual más que de la fuerza de lo colectivo.

No me digan que no está interesante la cosa.

 

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“¿Matará Sol al #15M?”, por Iñigo Sáenz de Huarte

 

Sol se ha quedado pequeño, escribí el sábado. No del todo. Visto desde otro punto de vista, la acampada de Sol se ha hecho tan grande que corre el riesgo de comerse al #15M. Se da una paradoja que tiene muy mala salida. Las comisiones están pidiendo que se redimensione la protesta en el centro de Madrid y planteando que hay problemas de seguridad que pueden acarrear desprestigio y en última instancia el desalojo de la concentración.

Pero las asambleas no aceptan esta idea y reclaman que la acampada continúe. Y muchas de las personas que votan y presionan en este sentido se van luego a su casa a dormir. La frase que mejor define esta situación: “Hay un mundo más allá de Sol, precisamente el mundo que queremos cambiar desde aquí y sólo estamos hablando de Sol”.

Las asambleas de la acampada se centran en si la acampada debe seguir. Es un fenómeno que desgraciadamente se da con mucha frecuencia en los partidos. Terminan hablando de sus problemas y se olvidan de sus ideas.

Para todos aquellos obsesionados con luchar contra el sistema: no le llaman sistema por nada. Cuando todo se reduce a una acampada, al mundo de la política le resulta muy fácil gestionar esa situación.

El #15M se perderá si queda absorbido por lo que ocurra en Sol. Es hora de salir y llevar esa idea a toda España, donde mucha gente ya demostró que estaba dispuesta a escuchar y a moverse.

Iñigo Sáenz de Huarte, en su blog Guerra Eterna (www.guerraeterna.com), el 31 de mayo

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Sobre el desalojo de #acampadabcn

Como bien expuse el otro día, desde mi humilde opinión, creo que lo mejor hubiese sido desalojar las acampadas hace algunos días. Pero bueno, eso es una cosa, y otra es lo que ha pasado hoy en Barcelona, durante el intento de desalojo de la Plaça de Catalunya.

Creo que sería ridículo negar que la coincidencia de la Acampada de Barcelona en Plaça de Catalunya y la posible celebración de la Champions League en la misma zona de la ciudad no suponga un riesgo para la seguridad, sobre todo teniendo en cuenta los antecedentes más inmediatos – los disturbios y saqueos en tiendas, la cantidad de gente borracha que termina yendo… – en dichas celebraciones. Y a nivel ‘estratégico’, cualquier posible disturbio en los alrededores de Plaça de Catalunya afectaría directamente a la Acampada, y creo que en ningún modo de manera positiva.

Pero el señor Conseller d’Interior del Govern ha elegido la peor manera. Si buscaba devolver el vuelo a las acampadas, bien hecho. Porque ha ido mucha gente a Plaça de Catalunya, y han hecho que los Mossos d’Esquadra se hayan retirado. Y esta tarde mucha gente – incluyendo a un servidor – iremos a las acampadas con flores o sin flores. Porque los Mossos han sido unos salvajes. Porque la manera de trabajar de esta gente ni es manera ni es nada.

Y francamente, había ya muchas críticas a determinados aspectos de las acampadas, y sin saber mucho, pero creo que el desalojo estaba relativamente cerca (¿El domingo? ¿El lunes?). Y ayer y anteayer se reiteraba desde todos los ámbitos la necesidad de volver a los consensos de mínimos. Y las asambleas de barrio están convocadas para mañana sábado.

Y llega Felip Puig. Conseller d’Interior del gobierno de Artur Mas. Y para ‘limpiar’ la plaza, a las 6 de la mañana manda a nosecuantísimos Mossos (y equipos de limpieza). Se puede tener escasa visión estratégica. Pero esto es impresionante. Las imágenes de Antena 3 en directo – y desde el plató subrayando la falta de inteligencia de la operación – ha permitido que todos veamos cómo se las han gastado.

Además, y como han puesto los de La Página Definitiva en Twitter: Entonces… ¿Las acampadas pueden coincidir con unas Elecciones, pero no con un partido de fútbol? Ná, por confirmar el orden de prioridades. ¿El fútbol más importante que la democracia? Vaya país…

Aunque eso, negar la posibilidad de que la coincidencia de ambas cuestiones (celebración y acampada) sea/pudiese ser un problema de seguridad, me parece vivir en el planeta de la piruleta.

Si el Movimiento 15M – Democracia Real Ya se queja/ba de la falta de identificación de los políticos con la ciudadanía, y viceversa, gracias Felip Puig por dar otro ejemplo – y bastante visual – de la cuestión. El desalojo de la acampada de la Puerta del Sol el pasado día 17 (martes) a las 05:00 h. impulsó al movimiento a cotas inimaginables. Aún es pronto, pero este desalojo revitaliza la cuestión.

Y esta tarde, a las 19:00 h., #confloresalas7 a la Puerta del Sol y a todas las plazas.

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Porqué creo que hay que desmontar las acampadas

Creo firmemente que la permanencia de la acampada de la Puerta del Sol durante otra semana es la mejor manera de, paradójicamente, acabar matando el Movimiento 15M. Matando de ‘éxito’. Pretendo suscitar algo de debate (esto lo llevaré a Sol esta tarde, supongo), y quizá muchos no estéis de acuerdo, pero creo que son puntos sobre los que habría que pensar.

-          porque las acampadas, más que ser un fin en sí mismo, es un símbolo. Y creo que han conseguido atraer a muchísima gente que en la vida se habría acercado, se habría planteado las reivindicaciones… y quedándose se conseguiría el efecto boomerang: mucha gente, la mayoría, empezaría a repudiar ya no sólo el campamento, sino el movimiento en general. Es lo difícil de evitar lo meramente anecdótico, haciendo que esto avance en el tiempo.

-          La gran pregunta desde el día 15 ha sido “¿Y después del 22-M?”. No se puede quedar esto en ‘las grandes masas de la semana pasada’ como fórmula o lema que justifique el quedarse. Como dice un amigo: “la movilización popular es puramente contingente. Hoy se produce y mañana, quizás, ya no”. Hay que seguir aprovechando el impulso, pero canalizándolo debidamente.

-          Lo interesante, repito lo mismo, ha sido cómo se ha atraído a la gente, y las campañas de imagen que han ampliado el espectro de la protesta desde un ‘núcleo duro’ reivindicativo al ámbito general de la ciudadanía. Y hay que seguir trabajando con esto y en este sentido.

-          “Que la fuerza y novedad del movimiento residen en su capacidad para aglutinar diversas opciones políticas en torno a una serie de demandas concretas.” Esta frase es de un amigo, y la copio-pego íntegra porque la suscribo al 100 %. Demandas concretas, el consenso mínimo que ha movilizado a tanta y tanta gente, que parece que se está olvidando.

-          Lamentablemente, las acampadas se van a ir cerrando en sí mismas, con un grupo reducido de gente – ese núcleo duro de antes – que dará vueltas a mil temas. No digo que esté mal dar vueltas a mil temas, pero si lo espectacular y fundamental del movimiento 15M ha sido la amplitud, la ‘autocombustión’ (el envolverse en sí mismo, quedando los mismos de siempre) y el ‘morir de éxito’ es el peor peligro que se puede correr.

-          Las asambleas y comités están bien, y los apoyo. Pero quedándose se va a producir el efecto contrario de lo que se busca, de nuevo: que se tomen decisiones en grupos muy reducidos, pretendiendo representar a decenas de miles, bajo esa legitimidad de “las masas de la semana pasada”. Las asambleas ‘ya existían’. Es decir, ya había movimientos sociales diversos hace 15 días, hace un mes, hace un año. Por tanto, el error es terminar volviendo al mismo punto de partida (“cambiar todo para no cambiar nada”).

-          Utilizando casi vocabulario de Intereconomía, la protesta pasaría de ser general a, ahora sí, sólo de “okupas y perroflautas” (lo que diría mucha gente). Esa es la imagen que se acabaría dando, desde mi punto de vista. La masa general se ha acercado porque se ve gente con la que se identifica, o con la que identifica a sus hijos, a su vecina, etc.

-          La gente no se puede manifestar todos los días durante dos semanas. Ni acampar durante dos semanas. Y según vaya perdiendo efectivos el campamento y la acampada, más fácil será un desalojo. Y un desalojo es lo peor que podría pasar al movimiento, a nivel de ‘puertas para afuera’. Y no olvidemos que lo que ha dado fuerza a este movimiento es esta extensión. Y muchos van a empezar a pensar “la calle es de todos”. En el sentido más amplio.

-          Y no he mencionado las elecciones. Porque los resultados ‘dan igual’. Me explico: es un movimiento desvinculado de los partidos políticos (que no apolítico, como bien se ha venido recordando a menudo), y el día de las elecciones es una frontera psicológica. ¿Por qué se ha hecho todo esto a partir del día 15M, y ha tenido éxito? Por las elecciones. Porque hacerlo, un suponer, el pasado mes de octubre no habría tenido ni eco ni sentido. El movilizar a la gente a partir de ahora será más complicado, pero creo que las próximas generales ha de ser el gran objetivo: ni quedarnos aquí, ni desintegrarnos. El día de las elecciones, como la acampada, es un símbolo. No es un fin.

Por lo tanto, creo que ir hoy todos a Sol, como lo hemos venido haciendo esta última semana, es fundamental. Vamos todos, para seguir diciendo “aquí estamos, queremos que se nos escuche, y nos vais a tener escuchar”, y luego entre todos, se desmonta en medio de una gran fiesta. Sí, fiesta. Porque este movimiento es enorme en todos los aspectos, porque no se queda aquí. Y el día 15 de cada mes, nos volvemos a concentrar todos en Sol. Y recordando los puntos básicos del movimiento 15M (democracia real, mayor y mejor representativad y participación, recorte y/o supresión de privilegios de la clase política, etc.).

Habrá mil ideas que se me habrán quedado en el tintero, pero bueno, más menos creo que he explicado el porqué de mi postura.

Un saludo

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